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Las rejas para arado fueron, sobre todo en la década de los cuarenta, uno de los productos más importantes de El Pobal.

A estas piezas se les daba, forjándolas, solamente una primera forma consistente en un mango de sección rectangular y una pala en forma de corazón, con una longitud total del orden de 75 cm. y un peso de 12 kgs. estado en el que eran vendidas a numerosos herreros locales de las diversas áreas agrícolas españolas, quienes las terminaban, dándoles la forma definitiva adaptándolas a los arados de cada zona, a su tierra y a los cultivos a los que iban destinadas.

Para su fabricación se partía de un tocho de sección cuadrada de 70 mm. de lado y unos 310 mm. de largo, de acero Siemens calidad 3-4 de A.H.V., al igual que los picachones y azadas también fabricados en El Pobal. Tras calentarlo a temperatura de forja en el horno de fuel, el forjador lo llevaba bajo la maza del martillo hidráulico, sujetándolo con unas tenazas.

Con numerosos golpes iba estirando uno de los extremos del tocho, girando continuamente la pieza hasta dejar una espiga o mango de sección cuadrada de 40 mm. de lado, tras lo cual introducía de nuevo la pieza en el horno, repitiendo la misma operación con todos los tochos que se calentaban en su interior.

Cuando esta operación se había realizado a todos ellos, sacaba, también sujetándolo con tenazas, un tocho del horno y de nuevo golpeándolo con el martillo hidráulico estiraba el otro extremo dándole forma de pirámide. Nuevamente se introducía en el horno para recuperar el calor perdido y finalmente se aplastaba la punta anteriormente estirada, en el martillo hidráulico con numerosos golpes, obteniéndose la pala con forma de corazón de espesor 1,5 cm. que era la reja propiamente dicha.

Todas estas operaciones de forja libre se efectuaban sin ninguna referencia ni estampa, a mano poniendo en la posición adecuada la pieza entre cada golpe, sin desperdicio de material, situado el forjador a un lado del martinete para las operaciones de estirado y de frente para las de aplanado de la pala. Mientras el forjador manipulaba la pieza en el martillo, su ayudante regulaba la cadencia de los golpes, moviendo la larga pértiga que daba más o menos paso al agua que accionaba la rueda, al mismo tiempo que atendía la marcha del horno donde introducía nuevos tochos para su calentamiento.

De esta forma entre dos trabajadores, el forjador y su ayudante, obtenían sin dificultad, en una jornada de 10 horas, del orden de 25 a 30 rejas de arado, siendo una pieza que no revestía para ellos ninguna especial dificultad.

Fases de la construcción de una reja de arado. Dibujo Julen Zabalela.